jueves, 21 de octubre de 2010
Conversación
-¿Hola familia como estáis?
- Aquí estoy jodido. A la pregunta genérica le contesta una voz nítidamente enferma desde la cama de la habitación. Es Juan, el padre de Alfonso.
- Venga, que no es para tanto. Le replica amablemente la voz conocida que pertenece al hermano de Juan, Isidro, que aunque es sincera no resulta tan reconfortante como los rayos del sol, al menos para Alfonso que ha dejado la proximidad al ventanal para saludar a su tío. También su madre, Amelia, se ha levantado para saludar a su cuñado.
- Y tu ¿Cómo vas cuñada?
- Aquí estamos, Isidro, aquí estamos. Su voz suena como un lamento.
- Se te ve cansada, deberías irte a casa aunque fuera una noche.
- Eso le digo yo, que por lo menos una noche, hoy me puedo quedar yo. Alfonso casi solapa sus palabras con las de su tío.
- Claro que sí, mujer. Tercia el enfermo desde su convalecencia.
- Pero si no estoy tan cansada, ¿Cómo voy a dejarte aunque sea una noche? Pero su contestación no ha sonado tan convincente como en días anteriores. La realidad es que está cansada, aunque en condiciones normales no aceptaría por nada del mundo que se tuviera que quedar su hijo a cuidar de su marido en lugar de ella ni una sola noche. La cuestión es que además del cansancio un dolor punzante le recorre la columna vertebral y le adormece la pierna izquierda, casi no puede ni estar sentada. De ahí su falta de convicción.
La pequeña muestra de debilidad la captan todos los presentes y aprovechan para convencerla de que se vaya a casa a descansar, y como al final da su brazo a torcer, sin pensarselo más, su cuñado le acompaña a la salida, no sin antes despedirse cariñosamente de su marido enfermo. Aún queda toda la tarde por delante, solo es el mediodía del sábado, pero no pueden dejar que recapacite y se encabezone en quedarse porque la realidad es que necesita el descanso en una cama y liberarse también de la tensión de los últimos días.
Prácticamente en el pasillo, se cruzan con otro hermano de Juan y su mujer que vienen a visitarlo. Aprovechando que su padre tiene nueva compañía, Alfonso sale de la habitación para recoger la bolsa que había dejado en el coche con la esperanza que su madre accediera a dejar el hospital por una noche y quedarse él al cuidado de su progenitor. Nada más salir de la habitación le invade el penetrante olor que desprende el centro sanitario, una mezcla entre medicamentos, enfermedades, esperanzas y tristezas. Un olor que lo acompaña hasta que deja atrás la puerta del edificio y se adentra en los jardines que lo circundan y que le recuerda la gravedad del estado de salud de su padre.
La tarde está cayendo. Las últimas visitas se han marchado poco tiempo después que las enfermeras han retirado la merienda. Cuando las primeras sombras de oscuridad se adentran en la habitación, Alfonso y su padre se quedan solos. Juan se ha quedado dormido, no profundamente, como atontado por la medicación y la calefacción. Alfonso lo mira por un instante y se deja caer en el sillón. Piensa en leer un poco, por lo que vuelve a levantarse para sacar el libro de la bolsa y también para encender una luz auxiliar que le permita descifrar las historias que guardan las páginas del libro. Su padre se remueve en la cama y en ese preciso momento, mientras se deja caer de nuevo en el sillón, piensa que posiblemente es la primera vez que estan solos los dos. Con el libro en la mano, pero sin abrirlo, intenta recordar algún momento que hubieran compartido en el pasado los dos solos, y se le hace difícil, imposible. Después de tantos años, parece que es la primera vez. Observa el cuerpo de su padre tendido en la cama y tapado con la sábana. Y le parece estar junto a un extraño. Sabe que no lo son. Que son padre e hijo, que a pesar de las numerosas discusiones y desencuentros siente un cariño por él especial, como no siente por nadie más en este mundo. Tiene conciencia que su padre, tras la apariencia ruda, también experimenta los mismos sentimientos. Pero a pesar del vínculo genético, son unos extraños. No recuerda haber tenido ninguna conversación en profundidad con él. Su padre pensaba que eso eran cosas de las madres, y el hijo lo rechazó inconscientemente desde su adolescencia. Lo cierto, y ahora tomaba conciencia por primera vez, es que desconocía tantas cosas de su padre como su progenitor de él. Alfonso vuelve a mirar hacia la cama donde Juan descansa. Ha perdido las ganas de leer. Apaga la luz y la penumbra se abalanza sobre toda la habitación pero hasta que no cierra los ojos no se disipan los neones de los anuncios de los edificios del otro lado de la avenida. No encuentra explicación a cómo han dejado pasar los años sin acabar con ese alejamiento real, ni siquiera percibirlo, al menos él. Decide que después de aquella primera noche que van a pasar los dos solos, será el momento de hablar con su padre para dejar de ser unos extraños. Ahora toca descansar y esperar que dejen de serlo antes que la salud de su padre se agrave irreversiblemente.
lunes, 18 de octubre de 2010
Allò que primer va inmolar en primera instància va ser lo que considerà menys necessari com eixir a pendre alguna cosa en els amics, pero passat el primer mes d’acumulació de diners, va tindre que pendre una decissió que no entrava en el seu iniciàtic plantejament, hauria de deixar de fumar. És cert que des d’un principi havia reduit la dosis de nicotina diaria, pero, després de les quatre primeres semanes quedava palés, que no era prou. Hauria de deixar de fumar. O reduir la cantitat de 10,50 euros, almenys unes semanes... Encara que cedir a la tentació seria traicionar els seus principis, la seua personalitat metòdica. Per tant, va deixar de fumar.
Naturalment que va tindre que assumir atres sacrificis, que resignar-se casi a una vida contemplativa en règim de clausura transitòria (de l’institut a casa, de casa a l’institut), pero gens tan enguiscat, tan embafador, tan ansiolític, tan predepresiu, com el deixar de fumar. Més que un vici era casi una obsessió. Més que un hàbit, era un signe de rebeldia (rebeldia de caent burgués pero rebeldia al cap i a la fi)
Pero per damunt de la rebeldia i les obsesions estaven els desijos i la voluntat de materialisar-los. I en este moment, el seu desig tenia el preu de 10,50 euros semanals, i no podia transigir, perque transigir suponia fer trencadiç els somis.
Finalment ho va conseguir, va reunir la cantitat necessaria per a comprar el seu desig, de manera que, una volta recontats els billets i les monedes, es va dirigir cap a la tenda especialisada en image i so, on fea un temps li havia entrat pels ulls a borbotons un home cinema a bon preu de fabricant no molt conegut pero que el depenent li havia assegurat que tenia la mateixa o més calitat que atres aparells de marques més comercials.
Va obrir la porta de la botiga en el cor en la gola per una emoció molt pareguda a la que va sentir quan besà per primera vegada a Ivana. Va reconéixer al mateix depenent que l’havia atés, darrere d’un taulell de vidre parlant pel teléfon, i es va dirigir cap ad ell.
- Hola bon dia
- Bon dia, diga’m
- No res... que volia aquell home cinema
- ¿Vol que li explique les característiques?
- No, ya m’ho se... venia a comprar-lo
- ¡¡Ah!! ¡Molt be! M’agraden les persones én decissió, ¿eh? ¡He he he!
- Si
A la gracieta desvanida del depenent no li calia atra resposta que no fóra un migsomriure i una afirmació entre dents.
- El preu, ¿és el que marca?
- Si, eixe.
Al temps que el depenent instintivament va dirigir la seua mà esquerra cap al terminal de les targetes, ell deixava damunt del taulell, casi transparent, el fruit del seu metòdic sistema d’estalvi, un grapat de billets de diversos valors fiduciaris i alguna que atra moneda. El depenent canvià la direcció de la seua mà i no tingué més remei que contar una a una les monedes que s’escampaven davant seua.
No més aplegar a casa es va posar a obrir caixes i desembolicar les peces de l’aparell mentres no podia deixar de vore la cara d’extranyea del depenent en vore els diners menuts ballant damunt del vidre i com l’expressió se li havia girat a sorpresiva quan li va dir que no calia que apuntara la seua direcció perque ell mateix s’ho portaria a casa encara que anara caminant.
Al remat, ya ho tenia alli, tot montat. El temps d’espera, els sacrificis havien valgut la pena, pero no s’ho havia comprat no més per a adorar-lo, aixina que va posar en funcionament el DVD, va obrir el receptacul de discs i va ficar dins la primera part de la versió extenguda de El Senyor dels Anells. Va agarrar el mando a distància, ho va deixar caure en el sofà. Va obrir el congelador per a fer-se én un pot de Coca-.Cola que previament havia introduit quan va arribar a casa i va tornar novament al sofà per a acomodar-se i, fent us de la tecnologia, apretar en el seu dit polze el botó de play.
Allò era maravellós, imagens digitalisades, sensació d’estar dins de l’escena, so envolvent, inclús pareixia que els colps els pegaven en la mateixa paret mijanera, i es sentien crits que pareixien vindre del pati de llums...Un crit més pròxim el va despertar de l’ensomi, era sa mare visiblement escarotada per les queixes dels veïns que li va amollar un sermó al voltant de la convivència comunitària ademés de recordar-li, com si es tractara d’una letania repetitiva, que no estarien vivint alli si son pare no haguera deixat aquell treball... No calia ni obrir la boca, era inútil, aixina que després de tot hauria d’engaviar el seu somi, metòdicament treballat, baix de la primera ralleta del volúmen. I ho fea resignàdament mentres pensava si això era una mostra de que la vida era una merda com mai es cansava de repetir son yayo.
jueves, 14 de octubre de 2010
L'Anell de compromís
Carla sabia perfectament que per molt que Rosa s’esforçara en negar-ho o en demostrar que no era aixina, ella no li resultava massa simpàtica. Rosa era la promesa de Sergi, pero simplement per llògica era fàcil deduir que dos anys de festeig no es podien comparar en tota una vida junts a l’hora de conéixer profundament a l’atra persona. Això era visible en moments especials, mirades còmplices, paraules que canvien de sentit després d’anys de donar-li un significat que només coneixen els amics. I en eixos instants, Rosa no podia fingir, mirava als amics de tota la vida com si ella fóra només una convidada circumstancial. Naturalment Sergi ni es donava conte. Són eixa classe de coses que passen desapercebudes als chics pero que les dònes capten al vol. Per això Carla havia intentat no participar en la tria de l’anell de compromís de Rosa, pero com en tantes atres ocassions si Sergi insistia en alguna cosa ella no podia mantindre el no per massa temps.
Al remat Sergi apareix en el seu retràs i somriure de sempre. Carla ni pensa en comentar-li res, senzillament no serviria de res, i després de la ritual salutació entren en la joyeria. Realment Sergi havia anat prèviament pero volia la ratificació d’una visió femenina i qui millor que Carla. Per això, després de saludar al joyer li demana que traga els dos anells que ad ell més li havien agradat per a que Carla els poguera vore. Els dos són realment del gust d’ella, de fet es quedaria en els dos, pero cal triar.
- Be, Carla, ¿tu qué penses?
- No sé, és dificil eliminar u dels dos.
- Els dos són preciossos. Intervé el joyer sense aportar cap ajuda a la tria.
- Pense que em quedaria en este, pero no sé si Rosa pensaria igual. Es decidix Carla senyalant u dels dos.
- Per a mi també és el més elegant dels dos. Parla de nou el botiguer simplement per a ratificar la decissió de la chica sabent que més d’una vegada varien la seua opinió durant la compra. ¿Vos l’embolique? Ho pregunta mentres busca una caixa de regal per a l’anell precíssament per a donar peu al canvi d’opinió.
- Sí, em quede en eixe. Ratifica definitivament Sergi. Rosa segur que triaria el mateix.
Després de pagar, eixen de la tenda els dos amics i Sergi li diu a Carla d’anar a prendre un café. Una vegada en la cafeteria, i mentres el cambrer prepara la comanda, Sergi li dóna les gràcies a Carla que les accepta en un moviment de cap molt típic d’ella. El cambrer s’entrenté més temps del normal. Sergi, al que esperar li posa nerviós, tot i que ell sempre fa esperar als demés, agarra la caixa de l’anell, el desembolica, obri la caixa i extrau l’anell. Carla el mira sense saber molt bé qué dir, simplement el deixa fer. Sergi s’alça de la cadira, s’aproxima a la seua amiga, li agarra la mà i li posa l’anell en el dit i entona un “¿t’agrada?” mentres dibuixa una rialla enlluernadora. Carla sense pensar-s’ho, s’incorpora espentada pel seu cor, que batega més ràpit a cada instant, per a rodejar en els seus braços el coll de l’amic i li estampa un bes en els llavis que encara que només dura un segon va carregat en tota la sentimentalitat d’una vida. Ell empina el seu cap instintívament per a separar-se.
- Carla, ¿Qué fas? ¡Que només estava ensajant! Li diu estranyat pero sense arribar al reguiny.
- I yo només m’he posat en el paper de rebre un anell de compromís. Li contesta Carla com si ho tinguera estudiat.
Un nou segon d’incertea carregat de tot el temps del mon, que trenca el cambrer posant damunt de la taula un capuchino per ad ell i un tallat descafeinat de màquina en sacarina per ad ella. Els dos amics es miren i trenquen a riure. Sergi riu sincerament, pensant que Carla s’havia passat una miqueta en l’interpretació posant-se en el paper de Rosa pero era la seua millor amiga i no tenia cap importància. Carla riu agrament. No sabia quan tindria l’oportunitat pero havia premeditat aquell bes en la desesperada esperança de la reciprocitat. Ara tenia clar que eixa reciprocitat seria impossible i que a partir d’ara seria ella la que pareixeria una convidada quan Sergi i Rosa tingueren els seus moments de complicitat.
domingo, 10 de octubre de 2010
Pequeñas Alegrías
Concepción, la madre de Pilar, dejó hace tiempo de pleitear con la edad. En verdad, nadie la conoce a ciencia cierta, ni ella misma la puede asegurar. En su pueblo natal quemaron todos los papeles de la parroquia en guerra, y el Ayuntamiento sencillamente no tenía papeles, los respectivos alcaldes bastante hacían con sacar adelante sus cultivos o ganados e intentar mediar en las discusiones de los vecinos sobre el lugar exacto donde se situaban los mojones, el uso de las aguas, ser testigos de las compraventas de tierras, ganados y casas o atender las necesidades de la Santa Madre Iglesia cuando era menester. El caso es que tampoco importa demasiado la edad concreta. Concepción es muy mayor, lo parece, lo aparenta y lo es. Guarda un luto infinito sin ninguna concesión al alivio de otra tonalidad textil que no sea el negro, salvo, su blanquecino pelo arrugado. Camina lentamente del brazo de su hija. El lamento es su vocablo más repetido. Y el suspiro su expresión más conocida.
Madre e hija caminan pausadamente el corto recorrido que separa el portal de su casa de la panadería. No cruzan ninguna palabra. Entran en el establecimiento y piden la vez. Una vez concedida, Concepción suspira profundamente y exhala un lamento sin demasiado convencimiento, simplemente rutinario. Pilar intenta observar los pasteles del mostrador por encima de los hombros de las personas que van delante de ellas. Todo ello con un estudiado movimiento de cuello puesto que su madre sigue agarrada invariablemente de su brazo. Después de unos instantes llega su turno.
-Buenos días. Saluda parcamente Pilar
-Buenos días. Le contesta mecánicamente el panadero. ¿Como está usted doña Concha? Pregunta sin pausas el hornero.
-¡Ay hijo mío! ¿Como quieres que esté? Mal, hijo, mal. Contesta Concepción como si se le escapara la vida en cada palabra.
-Pues yo la veo mejor que últimamente.
-Gracias, hijo, gracias, pero la procesión va por dentro. Suspira doña Concha dando por finalizado el diálogo de las cortesías.
-Me pones una barra de pan, dos bollos de crema y un pastel de nueces. Manifiesta Pilar cambiando incluso la tonalidad de su voz.
Mientras el panadero cumple con el pedido, Pilar observa más de cerca los pasteles de nueces y antes que llegue la mano del hornero con las pinzas, le señala el que ella quiere con una sonrisa maliciosamente impropia al tiempo que pronuncia suavemente “Este, este, ponme este” (maliciosamente porque ella sabe que es el que más nueces tiene de todo el escaparate). Embolsado y pesado. El panadero anuncia el precio. “Serán tres con setenta y cinco” En ese momento, y no antes para no desasir a su madre, Pilar rebusca en el gran bolso azul marino el monedero que deposita en el mostrador para empezar a buscar el dinero con el que pagar. Pilar gusta de pagar con el dinero justo y más si se trata de cantidades pequeñas como esta, así que no repara en las personas que han entrado detrás de ellas a la panadería y que esperan con más o menos paciencia ser atendidos. Al final encuentra las monedas justas pero cuando va a disponerlas en el mostrador observa que una de ellas es de Holanda.
-Ay espera, que esta es de la reina Juliana de Holanda. A ver si encuentro otra de veinte céntimos. Pero el monedero no está por la labor de encontrarlo por muchos suspiros que lance su madre. (Ni los cada vez más numerosos clientes en espera)Es que no encuentro otra de veinte, y esta es de la reina Juliana, me sabría mal no conservarla...
El panadero sin perder la compostura pero impacientándose tanto como el resto de clientes se dirige muy profesionalmente a Pilar.
-No te preocupes, ya me lo darás otro día.
-Gracias, gracias, mañana sin falta me paso para pagartelo. Le contesta raúdamente Pilar guardandose al mismo tiempo la moneda de la reina.
Finalmente, una vez guardado el monedero en el bolso, colgado éste del hombro, asida su madre en el brazo izquierdo, y sujetando la bolsa con el pan, los bollos de crema y el pastel de nueces con esa misma mano, el conjunto se dirige a la puerta para encaminarse hacia su casa. Una vez fuera, se dibuja una nueva sonrisa maliciosa en la cara de Pilar mientras piensa que ninguno de los presentes se ha dado cuenta que la reina Juliana abdicó antes de la entrada del euro y que la efigie de la moneda era la de su hija Beatriz. Son aquellas cosas que se saben por ser aficionada a la historia, numismática compulsiva y también, porque no confesarlo, ser hojeadora habitual de revistas de corazón en las ocasiones en que visitaba la peluquería.
La mar d'Atrera (relat)
Atrera tenia entre les mans una figureta de bronze d'un guerrer montat a cavall. L'havia feta ell mateix durant l'estació de les flors. Ningú en el poblat no s'explicava aquella habilitat del menut. Tots pensaven que anava a ser un gran guerrer com son pare, això esperaven tots d'ell, encara que tampoc els desagrava aquella habilitat en les mans per a extraure del bronze els humans i animals que tenia amagats. En quant Atrera trobava un moment forjava guerrers, bous, chiquets, hòmens, dones que feen les delicies dels més menuts del poblat que jugaven llargament en elles a somiar el seu futur. Pero el guerrer a cavall era la seua estatueta més preuada, el seu treball més estimat perque havia requerit més hores, més atenció, i no a soles per això, sinó perque representava a son pare, aquella figura que el poblat tant admirava i que ell tant volia. Per això pensava regalar-li a son pare en quant l'acabara.
Els ulls d'Atrera s'irritaren pel fum de les antorches que portaven els hòmens del poblat. El silenci era absolut, fins i tot el ventijol pareixia haver deixat de bufar. El sol va acabar d'amagar-se darrere les montanyes i la nit va dominar-ho tot. Els hòmens descavalcaren dels seus muscles el cos sense vida del guerrer que tant admiraven i que Atrera tant volia. Per un moment es quedaren pensatius mirant el seu cos, tal volta despedint-se d'ell, pero no mostraren cap sentiment. Ú d'ells va mostrar als presents l'espasa del guerrer que va retillar al contacte en la llum del fòc de les antorches. Encara tenia en el seu llom les marques de la batalla, la sanc dels enemics abatuts. El companyó de tantes escaramusses baixà l'espasa a terra chafant la punta en un peu i fent força en la mà des de l'empunyadura la va doblegar per a que ningú més poguera fer us d'ella llevat del valent guerrer que ara jaia en terra. Unes dones cobriren el cos en branques i matolls de timó, i després, quatre hòmens dels que portaven les antorches, les deixaren caure damunt del cos inert del guerrer.
Atrera no podia apartar la mirada de l'ombra fosca en la que s'havia convertit la mar. Continuava somiant en poder solcar-la algun dia, com els mercaders que venien de l'atra vora.Conéixer aquelles terres de les que parlaven mentres tastaven el vi agre del territori després d'haver pactat els intercanvis de productes. Comprovar en els seus propis ulls si les històries que eixien dels seus llavis eren vertaderes o estaven exagerades pels efectes dels líquit negre. Pero de moment havia de separar-se del seu ensomi, de la seua mar, per això no podia separar la mirada de l'horisó encara que estiguera ya tan negre com el ví perque fins i tot la lluna s'havia silenciat. Els ancians del poblat havien decidit que no estaven assentats en lloc segur. En la lluita no tant sols havien perdut al seu guerrer més preuat sinó a atres companyons seus, i abans que l'enemic reaccionara i els atacara de nou, calia buscar un lloc més segur a l'interior, en la montanya, al costat d'un riu. De fet ya havien triat el parage exacte, a on ara només havien unes poques cases de germans que es dedicaven a la peixca i a la caça. Al sendemà partirien cap allà deixant a la seua esquena la mar d'Atrera.
Sa mare no s'afonà entre plors com ell havia vist en atres dones. Continuava acovilant-lo en els seus braços, pero ella no mirava la mar, els seus ulls entelats per les llàgrimes es despedien del guerrer que estava convertint-se en cendres. En un moment li va agarrar les mans a Atrera i va comprovar que ell tenia alguna cosa entre els dits. Sense llevar-li-lo va aproximar les mans del chiquet als seus ulls per a comprovar que lo que tenia era un guerrer a cavall, sense dubte i tot i la foscor va pensar que era la millor de les figueretes que el menut havia forjat. Sa mare va sentir-se orgullosa del seu fill no a soles per la seua habilitat sinó perque en seguida va entendre que el guerrer era el seu home, son pare. Va tancar les seues mans damunt de les d'Atrera perque en lloc de pensar en posar junt a les cendres del gran guerrer la seua figura pensà que si la conservaven sempre recordarien la seua vida. Mare i fill continuren mirant cada ú al seu horisó, conscients que anava a canviar per a sempre.
martes, 11 de mayo de 2010
Novela feisbuquera (Recopilació)

D'una conversa perduda pel carrer va nàixer esta idea, pot ser tan destrellatada com moltes atres de les que brollen del meu cap, o pot ser no, vorem com ho deixa el temps. No està acabada, simplement m'he agarrat un descans, pero aci vos pose tots els capítuls escrits fins ara de la meua primera novela feisbuquera titulada en principi "Confesions baix la pluja".
Després d'uns dies de calor primaveral, el matí s'havia despertat grisenc i plujós. Per això, a ningú estranyava que els dos amics raonaren baix un paraigües blau després de l'habitual café matiner. Pero eixa circumstància li va donar nom a l'història, "confesions baix la pluja"
De sobte, Marc, un dels amics, li va preguntar a l'atre: "Arnau, des de quan ens fem els nostres cafens?" Arnau, que albirava alguna intenció més enllà d'una qüestió trivial, va rumiar la contestació un segon. "No recorde exactament. ¿Quatre? ¿Cinc anys?". "¿Cinc anys? Pot ser" Va contestar Marc.
"¿Per qué em preguntes això ara?" Va replicar-li Arnau ara ràpidament mentres el que va dubtar un segon en esta ocassió fon Marc. "Ehhh, ¿per qué? Perque estava pensant que després de tants anys fent-nos un café pràcticament diari hem raonat de moltes coses, fins i tot hem mantingut silencis intesos, pero mai ens hem confesat aspectes íntims.”
Després d'aquella íntima confesió guardaren silenci. Un silenci malferit pel rebombori del restant de converses, pels amartellats colps de les culleres fent rodar els cafens i pels reclams de les màquines escuraboljaques. Arnau li va pegar l'últim glop al tallat, mentres Marc havia tornat a mirar els titulars del diari. Ningú dels dos va saber mai, qué pensaven en eixe precís instant.
Després de l'últim glop eixiren al carrer. S'afegiren a la corrent de silencis que a eixes hores del matí omplin la ciutat. Plovia, i per això, Arnau va obrir el paraigües blau. La situació tampoc no ajudava a la conversa fluida i només intercanviaren paraules des de la trivialitat fins que arribaren al cantó on els seus camins se separaven.
Quan encara no havien trobat la manera de despedir-se fins a la pròxima, va passar al seu costat un company de faena d'Arnau, que els va saludar als dos. Arnau va aprofitar per a despedir-se de Marc i anar-se'n cap a la Conselleria, mentres que Marc va caminar pensatiu els escasos cincuanta metres que el separaven de la seua oficina de tramitació de patents, marques i registre d’invents diversos.
Al voltant de les onze Marc va rebre una telefonada. Era Arnau. "Escolta Marc, he estat pensant en lo que has comentat adés... Si, això de l'intimitat... ¿Encara estàs almorzant a on sempre?... O.K. Baixe en cinc minuts i parlem." L'oficiniste va tornar a deixar el seu mòbil damunt de la taula i en acabant li va pegar l’últim mos a l’entrepà de tonyina en olives.
Al temps que el cambrer li estava servint el café, va entrar per la porta Arnau buscant en la mirada a on estava assentat Marc. En vore'l va dibuixar un lleuger somriure en els seus llavis a manera de salutació respost per part de l'amic en una qüestió: "¿Qué vols, un talla?". "Si per favor, un tallat" va contestar Arnau dirigint-se al cambrer mentres es llevava la jaqueta.
El cambrer quasi mecànicament li va preguntar a Arnau si volia el tallat de sobre o de màquina, a lo que Arnau, que no s'ho havia plantejat, va respondre que de sobre, descafeinat i en sacarina en lloc de sucre. A Marc, no li va sorprendre l'elecció, pero el cambrer va pensar quina classe de desustanciat tenia davant mentres se l'encomanava al company de la barra.
Com si no esperara el tallat, Arnau es va dirigir a Marc, pero en els ulls posats en algun punt indeterminat de la taula. "He estat pensant en això de l'intimitat." En arribar el cambrer va provocar el silenci de nou. "Ací està el tallat". "Ehhh...gràcies". Arnau va mirar el got de vidre i va procedir a omplir-lo del descafeinat del sobre, a barrejar el contingut, i posteriorment a rebolicar també la sacarina, mentres Marc esperava la continuació de les seues paraules. va pegar l'últim mos a l'entrepà de tonyina en olives.aven de la seua oficina de tramitació de patents, marques i registre d'invents diversos.aven de la seua oficina de tramitació de patents, marques i registre d'invents diversos.
Al remat Arnau va acabar en tot el procediment que quasi pareixia un expedient més dels que tramitava en la Conselleria. "Bo, ¿qué volies contar-me?" Li va preguntar Marc vegent que al seu amic li costava molt conjugar les paraules. "¿Saps Marc? És tot per lo que m'has dit este matí. És com si haguera estat esperant eixes paraules durant prou de temps."
Marc no va dir res, només restava expectant. Arnau va continuar en les seues paraules. "Duc un temps en un regomello per dins i necessitava amollar-lo. La teua reflexió d'este matí ha segut com l'espentó que estava esperant." De nou el silenci barrejat en l'aroma del café.
"És una cosa relacionada en..., en..., la teua filla Laura". Marc no es va mostrar sorprés, al contrari, pareixia que també havia estat esperant eixes paraules durant prou temps.
En aquell moment Laura no podia ni imaginar que s'anava a convertir en la protagonista de la conversa entre son pare i el seu amic. L'única cosa que li preocupava en aquell instant era no tancar els ulls durant massa temps mentres el mestre de Matemàtiques de les Operacions Financeres omplia la pissarra de fòrmules inintelegibles en el seu estat endormiscat
No tancar els ulls era evitable, només calien una sèrie de tècniques que tots els estudiants universitàris apliquen en menor o major èxit, pero que la seua ment fugira d'aquelles quatre parets i la pissarra es convertira en una finestra oberta als ensomis li va resultar indefugible. Pronte, les fòrmules matemàtiques quedaren darrere i el seu pensament va començar a viajar per algún lloc indeterminat.
Aquelles distraccions temporals s'havien convertit últimament per a Laura en habituals quan ella sempre havia segut una estudiant disciplinada. Els seus ensomis eren una barreja de realitat i desijos que la desconnectaven de l'avorriment de les fòrmules i l'aproximaven a una espècie de realitat màgica digna d'una classe de lliteratura sudamericana contemporànea.
Laura veu la plaja. Nota l'aigua salada baix els seus peus. Escolta la remor de la brisa entre els seus cabells. Acarona la mà del seu estimat entre els seus dits. Un amor que li desperta per primera vegada sentiments que desconeixia. Un voler que han d'amagar entre els seus secrets.
Ell és més major i estan segurs que els pares d'ella no ho acceptarien. El passeig a la vora de la mar continua, encara que la classe arriba a la seua fi.
Quasi no calgué prendre la decissió de mantindre en secret la relació, pràcticament no calgué ni parlar-ho. La diferència d'edat, la distància dels seus móns, la complexitat de les explicacions eren argument més que suficient per a no necessitar cap pacte. Simplement estava ahí. Senzillament era així. Només calia deixar que continuarà passant.
Arnau finalment va alenar interiorment l'alé de forces que li calia per a confesar-li al seu amic allò que guardava en el seu interior. "El cas és que farà cosa de quatre mesos, la teua filla, Laura, em va demanar una cosa que em primer lloc em va deixar desconcertat." Marc va mirar de fit a fit al seu amic preguntant-se quina cosa podria deconcertat una ment tan cartesiana.
Per fi, Arnau, es va llançar. "Resulta que la teua filla em va demanar que... que li deixara les claus del meu apartament en la plaja." Marc va intentar posar un semblant seriós, encara que per dins es pregunta somrient (¿això tan important era açò?¡Este Arnau és increible...!). Tal volta per a conseguir mantindre una una decent serietat li va preguntar: "¿I tu qué feres? ¿Li les deixares?" una decent serietat li va preguntar: "¿I tu qué feres? ¿Li les deixares?"decent serietat li va preguntar: “¿I tu qué feres? ¿Li les deixares?”
Arnau es va sentir de sobte, com en un interrogatori. Pareixia com que l'ambient d'intimitat s'anava perdent i el seu amic volia saber qué passava en les claus de l'apartament i la seua filla, per damunt del sentiment per compartir alguna cosa més que paraules dites al voltant dels efluvis dels cafens. Per això no va dubtar en contestar com si s'estaguera construint una coartada.
"Al principi, com t'he dit, vaig dubtar, pero ella em digué que era per a anar a estudiar. Que d'esta manera podria concentrar-se millor." Marc va clavar la seua mirada, un tant inquisitorial, en els ulls d'Arnau, reforçant així la sensació d'interrogatori. "Pero al remat, ¿qué feres? ¿li les donares o qué?” “Si. Li vaig dir que m’ho pensaria. Pero a l’endemà quedàrem i li les doní”
Marc no va reaccionar. Pot ser Arnau ho esperara i per això es va mantindre uns segons callat. O simplement estava pensant si finalment acabaria de contar l'història com havia estat raonant en si mateix després del café d'aquell matí. Arnau es va decidir. "Fins ara no t'havia dit res perque ella mateixa em va demanar que no et diguera res. Que no vos diguera res."
Durant la conversa, Marc havia arribat a la conclussió que l'única qüestió que angoixava d'alguna manera a Arnau era el fet d'haver-se callat el préstec de les claus de l'apartament. Per això, encara que el seu amic no s'havia adonat, va relaxar la seua mirada lleument. "Ausades que has mantingut el secret" Va encertar a dir l'oficiniste.
Arnau es va sentir relativament culpable. “És cert. Per això quan este matí has dit això de l’intimitat he pensat que eren les paraules que necessitava per a llançar-me a dir-t’ho.” Ho va dir en certa tonalitat disculpatòria. “La veritat és que Laura no m’ha dit res. Ni que anava a demanar-te-les, ni que te les claus del teu apartament, perque… encara les té, ¿no?”
"Sí. Correcte. Les té encara." Va contestar el funcionari com si li faltara l'alé. "¡Ay, Senyor!" Va rebufar Marc que va continuar dient: "No patixques Arnau, esta nit quan la veja li diré que me les dóne i te les torne demà mateix.". "¡No!" Va reaccionar categòric Arnau. "No cal home." Va insistir rebaixant el to de la veu. "T'ho he comentat per a que ho saberes. Pero no cal que li digues res a Laura."
"Com tu vullgues" Va replicar Marc sense massa convenciment. "Realment no les necessite perque no vaig per allí. Ni tan sol pense anar este estiu." Va respondre Arnau reprenint la sendera de l'intimitat. "Entenc. Et recorda a ella, ¿no?". "No és que em recorde a Lisa, és que la veig en cada racó de l'apartament, en cada ullada de la mar."
Arnau va continuar la seua íntima confesió. "Per això no puc tornar. Pero tampoc he volgut posar-lo en venda.Pot resultar estrany, pero és així. No torne perque Lisa està present a cada moment, encara que si deixara de ser meu seria com perdre-la definitivament." Marc havia relaxat la seua mirada. Escoltava al seu amic, encara que la seua ment mamprenia a pensar en noves possibilitats.
"L'apartament és com l'últim lligam tangible en Lisa" Va afermar Arnau. "No tan tangible com penses, perque si no vas..." Va tallar Marc en tanta desafecció aparent que a l'amic li va resultar fins i tot irreverent, de manera que no va poder més que pronunciar balbucejant "¡Home!". "Disculpa que t'ho diga així, pero és la realitat" Va intervindre Marc intentant rectificar l'irreverència.
(És cert) Pensà Arnau. Pero va preferir amagar este pensament en el seu interior. "Per això t'he comentat que et pareixeria estrany." "En tot cas, li demanaré les claus a Laura per a que te les torne." Va insistir Marc. "No. De veres. Deixa que les continue tenint per si vol anar a estudiar allí. Almenys tindrà un us profitós. Simplement t'ho comentava perque pensava que com a pare hauries de saber-ho."
“Entenc, com tu vullgues. Guardarem el secret. En tot cas, tindràs atres claus, ¿no? per precaució.” Li va contestar Marc. “Ehhh... no, bo, sí, sí que hi ha atre joc de claus, pero no les tinc en ma casa. El té la mare la Lisa, com tu dius, per si les necessitava alguna volta tindre una còpia.”
L’oficiniste va mirar l’hora i va exclamar “¡Collons! ¡Qué tart s’ha fet! Escolta Arnau, me n’he d’anar. Continuem parlant, ¿ok?” “Sí, ok” Marc va alçar-se com si el temps s’acabara. Va pagar les consumicions dels dos i va tornar a despedir-se del seu amic en la mirada. Havia deixat de ploure i pot ser per això, li va brollar un somriure a la cara.
Arnau es va quedar per uns instants a soles. Pensava que aquell atac d’intimitat s’havia convertit en un moment ridicul, un instant més dels que estava aveat a protagonisar durant la seua vida. Ara es preguntava perqué li havia contat lo de les claus a Marc. I si este li bonegaria a Laura per la seua culpa. Esperava que no. Al remat s’alçà i tornà a la Conselleria a tramitar expedients.
Marc estava estés sobre el sofà del menjador jugant a ser programador televisiu quan la tauleta de davant seu va començar a vibrar sobtadament. Va deixar el comandament del TDT per a agarrar el mòbil mirant la pantalla abans de parlar. Era Laura. “¿Si?”. “Papà sóc Laura.” “Sí, digues”. “No res, que se m’ha fet tart i no tornaré. Que em quede aci.”
“¿Que et quedes a on? Va inquirir Marc com si volguera de sobte exercir com a pare. “A on va a ser. Ací, en l’apartament.” Li va contestar Laura sense cap intenció d’exercir com a filla. “¡Ahh! Clar, en l’apartament” Va comentar Marc com tornant a la realitat des de l’evassió televisiva. “¿Per cert, Laura, podria fer-te una pregunta?”
“¿Una pregunta?” Va estranyar-se Laura buscant en la memòria algun moment semblant durant els últims mesos sense trobar-lo. “Sí, una pregunta. No crec que siga tan difícil d’entendre.” Va replicar Marc agrejant les seues paraules. Ara sí que era son pare, va pensar Laura, i convençuda que li preguntaria diguera ella lo que diguera va aguardar en silenci.
Marc no va saber com interpretar el silenci de Laura, si com una afirmació (cosa estranya), si com una resignació (cosa improbable) o si com una pregunta lo que vullgues que contestaré si ho estime oportú i lo que estime convenient (cosa més que segura). En tot cas, per damunt del seu silenci, li va fer la pregunta. “Només volia saber si et quedaves a soles.”
A Laura li va sorprendre molt eixa repentina curiositat de son pare al voltant de la seua vida, quan la seua preocupació com a progenitor havia anat progresivament minvant des de que ella recordara. Eixa sorpresa va fer que prollongara el silenci que només va trencar en un solitari “No.”(
Marc no va insistir. Per un instant havia patit un accés de recuperar una relació normal en la seua filla, pero ni era el moment ni tampoc tenia cap intenció real. Només era un cert regomello que li brollava de tant en tant, una recialla del seu instint paternal. És més, sincerament tampoc li importava si ella es quedava o no a soles a l’apartament.
jueves, 28 de enero de 2010
La Glòria del Barroc
La Glòria del Barroc és l'octava exposició de la Fundació "La Llum de les Imatges", una fundació creada per la Generalitat Valenciana i en la que en el seu patronat participen l'Arquebisbat de Valéncia, la Conselleria de Cultura i Esports junta a diverses empreses privades i ajuntaments valencians i els bisbats de les diferents seus de les anteriors exposicions. Les seues activitats mamprengueren en 1999, al començament d'esta exposició es va celebrar el dècim aniversari i d'això s'encarrega l'espai habilitat en l'Almodí, de fer un resum al visitant de les diverses exposicions, actuacions i rehabilitacions, i també de fer la corresponent publicitat de qui ho ha fet possible, per a que li quede clar a tot el que passe per allí, tal volta, en escés, pero ya se sap que és un peage a pagar per a poder fruir d'estes actuacions que naturalment són del tot positives per lo que representen de recuperació del patrimoni cultural valencià.
En concret en esta exposició els espais en que es desenrolla són, a banda de l'Almodí, les esglésies de Sant Esteve, Sant Martí Bisbe i Sant Antoni Abat i la de Sant Joan de la Creu, en les que s'ha restaurat les seues estructures i ornamentacions barroques. No crec recordar haver visitat abans de la recuperació arquitectònica esta última parròquia, pero sí les de Sant Martí i la de Sant Esteve, i sobre tot esta última, em va deixar impresionat el canvi. Només per observar estes actuacions val la pena la visita, pagar els tres euros de l'entrada (en opció a visita guiada). Encara que naturalment els tres espais expositius tenen atres atractius artístics relacionats en l'época barroca tant pictòrics com escultòrics, llibres, o manuscrits.
L'exposició té molts aspectes que la fan molt atractiva al visitant en una mínima receptivitat cap a l'art en les seues diverses expressions aixina com a les persones amants del patrimoni valencià, no a soles per la pròpia exposició, sinó per uns valors afegits que seran irrepetibles, com poden ser les peces de les coleccions privades, determinades curiositats que no desvele tenint en conte els futurs visitants, pero especialment el poder contemplar la cúpula de l'església de Sant Martí des de la seua base gràcies a una plataforma construida per a l'ocasió i poder conéixer la seua història particular.
L'entrada a l'exposició costa 3 euros que dóna dret a visitar els quatre espais, i com he dit, a concertar una visita guiada que aproximadament dura dos hores i quart. Per a més informació hi ha una pàgina web específica: